Jorge Morell es autor del blog terminosycondiciones.es, en el que analiza y comenta políticas, términos y condiciones de productos y servicios de la era digital.

Jorge Morell Ramos es licenciado en Derecho por la Universidad de las Islas Baleares (2005), Máster en Derecho de Internet para la Empresa por la Universitat Oberta de Catalunya (2007), especializado en Derecho de la Propiedad Intelectual, Comercio Electrónico, Protección de Datos de Carácter Personal y Firma Electrónica por la Universitat Oberta de Catalunya y Máster en Contratación Pública por la Universidad de Deusto (2010).

Jorge, en tu blog analizas los Términos y Condiciones de diferentes aplicaciones y servicios online (redes sociales, plataformas de juego, servicios de comunicación, etc.), ¿realmente es importante prestar atención a esto antes de utilizar cualquier servicio o cualquier aplicación?

Sí por una razón muy sencilla, son contratos válidos que determinan las reglas de acuerdo a las que se desarrollará la relación entre la empresa prestadora del servicio o producto y el usuario que lo emplea.

Entre otras cosas, establecen los derechos y responsabilidades que afectarán a ambas partes, fijan las definiciones, aunque aquí hay mucho por mejorar, de los conceptos más importantes relativos a la prestación ofrecida y proporcionan información de contacto e identificación del prestador en los diferentes lugares en los que opera (o al menos normalmente lo hacen).

En definitiva, establecen las reglas del juego. Y teniendo en consideración que demasiadas veces algunas de esas reglas son abusivas en favor de la empresa, todavía mayor razón para al menos echarles un vistazo y saber a qué nos atenemos.

¿Los usuarios leen estas condiciones o son capaces de vender su alma para poder usar esos servicios?

La empresa Gamestation, por allá el 1 de abril de 2010 (el día de los inocentes para los anglosajones) cambió sus términos y condiciones e incluyó una cláusula según la cual sus clientes vendían a la empresa su alma. El resultado de tal broma fue que un 88% de los usuarios que ese día aceptaron los términos y condiciones consintieron entregar su alma, y únicamente un 12% rechazó tal sugerente propuesta.

De esta pequeña muestra puede extraerse eso, que la gente no lee los términos y condiciones y los acepta sin mayor miramiento. Con los riesgos que eso implica, riesgos sin embargo más terrenales y menos celestiales que los de la broma citada.

La pregunta que deberíamos hacer a continuación es ¿por qué no los leen? Que sean farragosos, largos, técnicos, complejos y/o en un idioma desconocido, ayuda y mucho. Pero también creo que ayuda que los términos y condiciones sigan anclados en el pasado y no se hayan aprovechado de ninguno de los avances tecnológicos aplicados a otras muchas materias.

Estas condiciones suelen ser muy largas, ¿cuáles son los puntos más importantes en los que recomendarías especial atención?

Creo que todo depende de cómo vayamos a utilizar el servicio o producto. Si el uso que le vamos a dar es personal, sería más recomendable prestar atención a unos aspectos. Si por el contrario pretendemos emplearlo desde una perspectiva profesional o comercial, quizá entonces debamos fijarnos en otras cuestiones.

Por ejemplo, si empleo Facebook como usuario normal y corriente, no importa leerse la docena de políticas que regulan la red social de Mark Zuckerberg, bastaría prestarle atención a la Declaración de Derechos y Responsabilidades y su Política de Uso de Datos en por ejemplo aquellos aspectos que hablan del contenido compartido, los términos en los que se licencia, hasta dónde puede llegar a difundirse y de qué medios dispongo para controlarlo o monitorizarlo.

Si por el contrario uso Facebook como empresa y para una finalidad comercial, voy a tener que prestar atención a esas cuestiones pero también a las normas de publicidad y las condiciones de las páginas, entre otras. Si además programo aplicaciones para Facebook y gano dinero con ello, deberé estar al tanto de las condiciones de pago, las políticas de la plataforma para desarrolladores o los requisitos para emplear su marca.

Por tanto la idea no creo que sea leérselo todo por sistema, sino pararse a pensar un minuto en el propósito que le daremos al servicio o producto, determinar los aspectos significativos de ese propósito y de acuerdo a lo decidido, prestar atención a lo que potencialmente pueda afectar.

En algunos casos los usuarios no tenemos que aceptar condiciones de uso para utilizar algunos servicios, por ejemplo al hacer una búsqueda en Google, ¿qué ocurre en estos casos?

Bueno, eso no del todo cierto.

Empecemos por el principio. Para acceder a Google, o cualquier otro buscador o página web, necesitamos un navegador web. Ya sea Firefox, Chrome, Internet Explorer o Safari, todo navegador web está asociado a una política de privacidad, y en ocasiones a alguna otra política, que establece las reglas del juego entre el usuario y el navegador web a la hora de conectarse a Internet. Reglas aceptadas por nosotros al instalar el navegador.

Por tanto, cuando accedemos a Google ya hemos aceptado una primera política de condiciones vía el navegador empleado.

En segundo lugar, si el acceso a Google lo hacemos mientras estamos identificados en nuestra cuenta de usuario, para ello habremos aceptado necesariamente antes las Condiciones de Uso y la Política de Privacidad de la gran G.

Finalmente, si accedemos a Google sin identificarnos con nuestra cuenta de usuario, de forma "anónima" y más allá de la Política de Privacidad aceptada en relación al navegador web empleado, también aceptamos dar anónimamente datos a Google, el llamado "browser chatting" en este caso (por ej. la dirección IP, la versión de navegador, el sistema operativo, la resolución de pantalla, el idioma configurado, la posición geográfica, la web de entrada, la web de salida o el ISP o proveedor de Internet usado, entre otros).

Ahora bien, si no hemos hecho clic en nada, ¿cómo es que aceptamos dar datos a Google que quedan sujetos a sus políticas? Por una aceptación basada en el concepto del ?Browse wrap, que a diferencia del "Clic wrap", supone consentir por el uso, empleo y/o disfrute del servicio.

En conclusión, estamos aceptando casi de forma constante términos y condiciones, y en ocasiones sin ser propiamente conscientes.

Estos servicios nos ofrecen diferentes posibilidades y a cambio solo nos piden que aceptemos las condiciones de uso, ¿qué es lo que reciben a cambio? ¿realmente son gratuitas?

Podríamos decir que hay 3 grupos.

Hay un grupo significativo de servicios que cobran un importe en metálico, ya sea en un solo pago o periódicamente a modo de suscripción. Estos se alimentan principalmente de esas cantidades.

El segundo grupo no cobra nada de inicio, o muy poco, pero para poder continuar usando el servicio o producto de forma funcional requiere de pequeños desembolsos casi continuos, los llamados micropagos o el modelo "freemium". Éste tiene una fuerte presencia actualmente y viven de la máxima de Virgilio según la cuál "Un poco, más un poco, más un poco, hacen un mucho".

Finalmente hay un tercer grupo que directamente no pide ningún importe al usuario para emplear el servicio y ofrece muchas funcionalidades. ¿En qué cobran estos? En datos, montones de datos que luego nutren a los anunciantes para poder ofrecer publicidad extremadamente segmentada y teledirigida al usuario que, a priori, tiene mucho más retorno y convierte por tanto en rentable la inversión publicitaria en el servicio.

El último grupo y el segundo serían los más numerosos quizá hoy en día, y por tanto en los que más atención se debería prestar a sus términos y condiciones, ya que es más probable que intenten exprimir al usuario un poco más de la cuenta.

Y en caso de que haya algún conflicto, ¿dónde se debe acudir y quién decide lo que es legal y lo que no?

Irá un poco en función del tipo de conflicto, uno interno y dentro de la propia comunidad muchas veces será resuelto por los propios usuarios sin casi intervención del servicio más allá de cierta moderación y una simple aplicación de las Condiciones de Uso. Muchos casos de trolls o spammers en foros, por ejemplo.

Si el conflicto afecta a materias como la propiedad intelectual, la protección de datos o el honor y propia imagen, es habitual que los términos y condiciones establezcan los pasos a seguir y los canales internos a los que recurrir. O en su defecto las FAQs (preguntas frecuentes) que esos términos y condiciones incluyen por referencia en el texto.

Finalmente, si la controversia va mucho más allá y las partes son incapaces de resolverla de mutuo acuerdo ni a través de los canales oficiales, puede que no quede otro remedio que acudir a los tribunales para saber qué era legal y qué no. En ese caso deberá atenderse a lo que las Condiciones de Uso del servicio establecían a la hora de fijar la legislación aplicable y la jurisdicción competente, materia en laf que habitualmente hay cierto abuso por parte del prestador.

Después de haber analizado tantas políticas de privacidad y condiciones de uso ¿cuál crees que es el servicio más respetuoso con los derechos de sus usuarios?

El que es capaz de decir más en menos, sin caer en la vaguedad pero tampoco en el exceso, y simple y llanamente define e indica lo que hay, sin más.

El respeto al usuario no creo que consista en captar más o menos datos, sino en no sorprenderlo desagradablemente. Las sorpresas son para los cumpleaños.