Utilizar servicios en la nube ya no nos resulta extraño. No hemos podido resistirnos a sus atractivas ventajas (ubicuidad, multi-dispositivo,...). Pero, ¿conocemos los inconvenientes y somos conscientes de los riesgos asociados?

Cada día aparecen nuevos servicios y aplicaciones, a menudo gratuitos, para que podamos «desde cualquier lugar» editar documentos, acceder a nuestro correo, traer y llevar nuestros datos de un sitio a otro, guardar enlaces, notas, música, fotografías, vídeos, hacer copias de seguridad, conectar con nuestros amigos y conocidos, etc. Además de los tradicionales servicios de correo y las redes sociales (Facebook, Tuenti,...), otros servicios en la nube son: Dropbox que nos permite almacenar ficheros, Google Drive  que permite editar documentos de todo tipo, Instapaper donde puedes registrar enlaces, Evernote para anotar todo lo que se te ocurra, etc.

servicios en la nube

Lo que se conoce como computación en la nube, o en inglés cloud computing, consiste en la tecnología que nos permite tener a nuestra disposición programas siempre actualizados y acceso a los datos desde cualquier lugar y cualquier dispositivo, no sólo desde el PC, también desde el móvil, la tableta e incluso desde la televisión.

Pero cuando ponemos tanta información personal en un lugar desconocido, no controlado por nosotros, tenemos que conocer los riesgos asociados y las condiciones que debemos exigir al utilizar el servicio.

Es evidente que la nube tiene muchas ventajas: accedemos desde cualquier lugar, siempre está el servicio actualizado, no tenemos que comprar soportes de almacenamiento, podemos compartir rápidamente nuestros archivos con quien queramos, en resumen, nos da mucha flexibilidad. Pero, si nuestra información personal queda en un lugar que no conocemos físicamente y sobre el que no tenemos ningún control, en cuanto haya un problema de seguridad esa información puede no volver a estar accesible o caer en las manos equivocadas.

Estos son algunos de los inconvenientes:

  • dejamos nuestros datos, en muchos casos nuestra ubicación, desplazamientos, etc., y no sabemos a ciencia cierta qué hacen o qué pueden hacer con ellos
  • no conocemos todo lo que hace el programa y el proveedor puede modificarlo sin previo aviso y sin nuestro consentimiento; tampoco sabemos qué harán en caso de que dejen de ofrecer el servicio
  • desconocemos las medidas de seguridad que aplican a los lugares donde tienen alojados los datos y el servicio, es decir, si no tienen suficientes medidas, nuestras cuentas pueden ser hackeadas y  nuestros datos quedar desprotegidos
  • no sabemos si cumplen las legislación y por ello podemos perder acceso al servicio y a nuestros datos como ocurrió con el famoso caso de Megaupload

Pero podemos tomar algunas medidas de precaución como:

  • cambiar las contraseñas con frecuencia para evitar que puedan ser hackeadas
  • bloquear los dispositivos móviles en los que tenemos habilitado el acceso a estas aplicaciones y utilizar aplicaciones que permitan borrarlos o inhabilitarlos en caso de pérdida o robo
  • no acceder desde ordenadores públicos ni utilizando redes WiFi públicas
  • cifrar los archivos importantes antes de subirlos a la nube
  • hacer copia de seguridad de los archivos en soportes externos

Y ante todo es importante leer los términos y condiciones y la política de privacidad del servicio prestando atención a lo importante, es decir fijándonos en:

  • qué control tendremos sobre nuestra privacidad y nuestros datos personales
  • si somos conscientes de lo que pueden y lo que no pueden hacer con nuestros archivos
  • qué garantías de seguridad (disponibilidad, integridad, confidencialidad) ofrecen en caso de que sus instalaciones tengan algún fallo de seguridad
  • qué jurisdicción (de qué país) va a resolver los problemas en caso de que ocurran

Sin duda podemos aprovechar la flexibilidad de la nube con precaución, buscando las aplicaciones que mejor cumplan nuestras expectativas y conscientes de lo que aceptamos.