Cuando José compro un smartphone, lo usaba más su hijo para jugar que él. Su mujer María le advirtió de que lo protegiera, creando otra cuenta para su hijo Jesús, no fuera a estropearle algo. El “sí, ya lo haré…” le costó más de lo que pensaba.

Cuando el anterior móvil de José “decidió darse un baño” acompañando a su hijo Jesús en el bolsillo del bañador, el resultado fue el imaginable, adiós móvil antiguo (no viejo, era antiguo de verdad, un clásico Nokia 1110).

José compró un Smartphone Android actual y en la tienda, le indicaron que sería recomendable crear una cuenta en Google para guardar y sincronizar contactos, y otra cuenta para cada persona que usara el móvil y que lo que hiciera con un usuario que no afectara al resto. José obviamente dijo a todo que sí, que lo haría según llegara a casa.

Tras volver al hogar configuró el idioma, localización, cuenta de Google para “sincronizar”. A muchas preguntas que le hizo, como no tenía clara la respuesta que más le interesaba, contestaba que no “por si acaso” no fuera a liarla el primer día.

A continuación, el dispositivo le pidió la tarjeta de crédito bajo el pretexto de que esta acción era necesaria para pagar las aplicaciones que comprara en la tienda (Google Play), así que introdujo los datos. Una vez configurado el teléfono, metió la nueva tarjeta SIM que le dieron en la tienda (la vieja no servía ya para este móvil) con la copia de los contactos e hizo la llamada de prueba para comprobar que funcionaba perfectamente.

Según lo tuvo operativo, su hijo Jesús le pidió que le instalara algún juego, ya que en el viejo teléfono solo tenía el Snakes y poco más. Su padre le instaló, entre otros, una aplicación infantil tipo cuenta-cuentos que le había recomendado un compañero de trabajo. En el momento que José llegaba a casa, Jesús le cogía el móvil y se ponía a jugar a y escuchar los cuentos. Le gustaban y como le entretenían, a su padre no le importaba.

Llegó un momento en el que el padre de Jesús le enseñó a instalar aplicaciones en el móvil, para que pudiera hacerlo el solo. Le permitía instalar juegos educativos y, por instrucción del padre, solo podía tener uno exclusivamente para el entretenimiento. Jesús instaló uno de coches, que cuando ganaba carreras, el premio consistía en unas monedas de oro para poder mejorar el coche.

Pasados unos días, cuando llegó el extracto bancario, el padre notó que había una serie de cargos en la tarjeta de crédito, unas cuantas anotaciones de cantidades pequeñas (entre 1€ y 3€). Cuando se fijó, correspondían a pagos con el teléfono a Google y a otras compañías. Le preguntó a Jesús y según le contó, él solo instalaba aplicaciones gratuitas, pero a veces, para cargar más niveles, otras pantallas de retos, o ciertos accesorios para el coche, aceptaba un mensaje que se mostraba por pantalla indicando que se cargaría un importe económico para poder continuar progresando en el juego…, para ello, Jesús solo tenía que escribir la contraseña de su padre asociada a la cuenta, que por supuesto, conocía.

José le echó una bronca considerable a Jesús, por haber hecho esas cosas sin consultarlo. Como reprimenda, le dejó sin jugar con el móvil durante una temporada y le desinstalaría aquellos juegos que permitieran compras integradas.

Cuando José fue a desinstalar los juegos, se dio cuenta de que tenía muchísimos y que sería un lío hacerlo uno a uno. Para facilitar la tarea, siguió las indicaciones de un amigo que le dijo que si restauraba a modo fábrica el dispositivo, eliminaría todos de un golpe y el móvil quedaría limpio. Así que dicho y hecho, ¡restauró a modo fábrica!

Enseguida se dio cuenta de que algo no fue bien. Cuando intentó enviar un correo, no aparecía la cuenta configurada, los contactos ya no estaban, las imágenes y vídeos tampoco parecían estar almacenados… ¡Todo había desaparecido!

¿Qué había sucedido?

Cuando se une el atrevimiento y el desconocimiento los resultados suelen ser bastante imprevisibles y ocasionalmente problemáticos.

¿Qué medidas deberíamos tomar cuando “estrenamos móvil”? En general:

  • Proteger el acceso. PIN de la SIM y bloqueo de pantalla.
  • Instala un antivirus.
  • Las compras deben estar siempre protegidas, use quien use el móvil.
  • Cada usuario debe tener su cuenta.
  • Las contraseñas NO SE COMPARTEN, de la cuenta de Google tampoco.
  • Copia de seguridad de forma regular, al menos en la nube.
  • Comprobación de la sincronización de datos.
  • Antes de “restaurar a modo fábrica”, forzar la sincronización y realizar la copia de seguridad.
  • Los menores que usen el dispositivo, siempre supervisados.

 

Moraleja

Cuando adquirimos un smartphone nuevo, normalmente nos documentamos sobre la potencia y capacidad del mismo, pero normalmente no lo hacemos sobre las posibilidades de configuración, ni sobre las posibilidades que nos ofrece en cuanto la protección de datos, copias de seguridad, uso por parte de múltiples usuarios, etc. Esto, con bastante frecuencia, tiene efectos no deseados, como pérdida de contactos, imágenes, vídeos, ficheros etc. Por eso es tan importante cuando usamos los dispositivos para almacenar datos, saber cómo debemos  protegerlos.