A Iñaki, le llegó un correo electrónico de esos de publicidad, unos billetes de AVE a precio de saldo, se compró dos para ida y vuelta, y exactamente eso, le metieron un viaje… de ida y vuelta, pero a la cartera.

Revisando el buzón de correo electrónico, a Iñaki le llamó la atención un email. Se trataba de una oferta de billetes de tren, que por el precio, era un chollo: dos billetes de AVE por 4€. Recién estrenada la línea León-Madrid, se le pasó por la cabeza un plan de última hora “brillante”. Coincidiendo que era fin de semana, podía acercarse y tomar unas cañas a la zona de Huertas en Madrid con uno de sus mejores amigos que vivía en la capital.

El correo estaba bien redactado y las imágenes eran muy buenas. Además, la oferta indicaba que se se trataba de un precio de promoción por el inicio de la línea León-Madrid, así que no generó mucho recelo, y el plan de las cañas le pareció perfecto. En poco más de dos horas estaría en Madrid.

En ese mismo momento, hizo clic en el anuncio. La web a la que accedió le pidió los datos de registro típicos: nombre, apellidos, dirección, etc. Tras cumplimentar dichos datos, una ventana le apareció por pantalla para informarle acerca del tratamiento de datos personales. Este hecho le pareció normal, así que aceptó las condiciones del servicio sin leerlas. Por otro lado, aunque no marcó la opción de recibir “comunicaciones comerciales” de los socios y colaboradores de la empresa, sí que seleccionó la opción de recibir nuevas ofertas en su correo electrónico. Si había otras promociones igual de interesantes que la de los billetes de AVE a 4€, ¡le interesaba estar informado! Al finalizar el registro le pidió introducir el número de tarjeta de crédito, usando una pasarela de pago de un banco, y comprobando el certificado de la pasarela de pago, y todo parecía correcto.

Los billetes los sacó para el sábado, billete de ida a primera hora de la mañana y vuelta a última hora de la tarde. Pasó un día en Madrid sin tener que tocar el coche ni tener que hacer noche. ¡La experiencia fue muy buena!

Pasados unos días, le siguieron llegando ofertas de esa empresa al correo electrónico, pero no le interesó ninguna.  Iñaki siguió con su rutina diaria hasta que  a primeros de mes, al revisar sus movimientos bancarios a través del servicio de banca online, notó algo raro, había un cargo por 89€ junto al de los 4€ de los billetes AVE y otro del día 30 de 12€ que no le cuadraron. Los cargos estaban asociados a la empresa XXXXXdecompras S.L.. En ese momento, Iñaki no la reconoció y solicito al banco que le devolvieran los pagos pensando que era un error. Sin embargo, para su sorpresa, en el banco le indicaron que no era posible el retorno porque los destinatarios indicaban que el cliente se había suscrito a sus servicios. ¡Los 89€ eran la cuota de inscripción y los otros 12€ correspondían a la primera mensualidad, de forma que los cargos eran correctos!

Iñaki disgustado, revisó el correo de la oferta de los billetes de AVE a 4€, y es cuando se percató que en la parte inferior de la oferta, había un pequeño texto que pasaba totalmente desapercibido por el tamaño y color de la letra, el cual indicaba que si accedía a la oferta, implicaba la suscripción al servicio de comunicación de ofertas de la empresa XXXXXdecompras S.L. y que para más información sobre la promoción, consultara el apartado 16 de las condiciones generales del servicio, las cuales Iñaki aceptó sin leerlas durante el proceso de registro. Aunque ya era un poco tarde para leerlas, efectivamente en el apartado 16 de las condiciones y términos del servicio figuraba que “el coste del servicio de suscripción era ochenta y nueve euros de pago de entrada al servicio y además implicaba otro coste que era de doce euros al mes mientras la suscripción estuviese activa”, por último también se indicaba que la baja del servicio habría de hacerse con “más de 30 días de antelación”.

Iñaki muy molesto con la situación, contactó por email con la empresa (solo se podía mediante un correo electrónico) para “leerles la cartilla”, pero como era de esperar, le dijeron que en la página web estaba toda la información, no se omitía nada, y que ellos no podían asumir la responsabilidad de que los usuarios no leyeran las condiciones del servicio. Le tramitaron la baja para el mes siguiente, que tuvo que pagar porque hacía falta comunicarlo con más de 30 días.

La broma le salió por 89€ más 24€ de dos mensualidades más 4€ de los billetes… Una tarde en Madrid, ida y vuelta en AVE y una cervezas con un par de amigos ¡no tienen precio!, bueno... sí, sí que tienen, 117€ más de lo planificado… Leer la letra pequeña sí que puede tener precio, y a veces mayor de lo que esperamos.

En este caso, el protagonista pecó de ingenuo, confió en una oferta que le llegó por correo electrónico a un precio ridículo. Era de esperar que tuviese alguna “trampa”. Para que no os pase como a Iñaki, la guardia ¡siempre alta! Y recordad:

  • Antes de confiar en una oferta, chollo, ganga, promoción… hay que leer TODA la información que aparece (letra pequeña incluida), tanto del email promocional, como del anuncio o la página web: términos y condiciones de uso del servicio, política de privacidad, cambios y devoluciones, etc.
  • Si el producto promocionado/ofertado es de una empresa conocida, y resulta raro para ser verdad, consultar directamente a la empresa implicada.
  • Euros a 50 céntimos “NO EXISTEN”.
  • Mucho cuidado con las empresas extranjeras, su legislación puede ser distinta a la nuestra, y a veces reclamar es muy difícil e incluso imposible.
  • Guardar copia de los correos, capturas de pantalla o copias de la web para poder cotejar la información, ante posibles reclamaciones.

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