Imagen decorativa Mi mejor selfie, mi peor publicación
Una nueva influencer en las redes sociales se convierte en víctima al no cuidar su privacidad online. Nuestra protagonista se lanzó de lleno a conquistar las redes sociales compartiendo su día a día pero, el exceso de información que publicó sobre su vida, con el objetivo de captar seguidores, le jugó una mala pasada.

Gina, nuestra protagonista de la historia, es una joven periodista a la que le encanta la moda, las nuevas tendencias y sobre todo las redes sociales. Hace un año, debido a las pocas ofertas de trabajo en periodismo, decidió enfocar su carrera hacia una nueva tendencia que abunda entre los jóvenes. Decidió hacerse influencer.

El término influencer se da a aquellas personas que, a través de las redes sociales, se encargan de dar a conocer las últimas tendencias en moda, decoración, viajes, gastronomía, etc., así como ofrecer recomendaciones y de esta forma influenciar a su público.

Nuestra periodista se inició en este mundo creándose un perfil en una de las redes sociales de moda, Instagram. Sus primeras publicaciones mostraban parte de su vida aludiendo a actividades como “Un día de compras”, “Cena en el mejor restaurante de la ciudad”, “Noche de cine, una película de Óscar”… pero estos temas no eran suficientes para captar seguidores, así que, además de compartir fotos, empezó a retransmitir en directo a través de stories, haciendo públicas todas y cada una de las actividades de su día a día.

Su perfil se llenó de fotos y vídeos de unos pocos segundos en los que compartía con sus seguidores los momentos más íntimos de su vida. Una foto recién levantada, un video de su licuado mañanero, otra foto arreglada para salir a la calle, un vídeo de sus pies camino del gimnasio… Sus seguidores aumentaban como la espuma.

Estaba claro, su vida empezaba a tomar importancia entre sus seguidores, pero esto no era suficiente, ella quería más. Entonces decidió hacer público su perfil, de este modo las visualizaciones de sus stories y los likes en sus fotos aumentaron exponencialmente.

A Gina solo le interesaban los números; número de seguidores, número de likes, número de visualizaciones…, números, números, números. De esta forma lograría atraer y que se fijaran en ella marcas comerciales y conseguir sus productos y servicios gratis a cambio de compartir su opinión con sus followers. No había duda, Gina se estaba convirtiendo en una reconocida influencer de prestigio.

Con la llegada del verano empezó a planear sus vacaciones. En sus publicaciones realizaba encuestas de sus posibles destinos. “Vosotros decidís: ¿playa o montaña?”. Llegó su viaje esperado, como buena influencer empezó a retransmitir todos sus movimientos y cada publicación iba acompañada de su correspondiente ubicación.

“Un día de playa genial y estrenando bikini”, así tituló a un selfie en el que aparecía con una actitud provocativa. Esta foto se hizo viral y corrió como la pólvora por redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea. Obtuvo miles de likes en unas pocas horas. Ella se sentía orgullosa de su trabajo.

Imagen selfie

Todo era idílico, estaba recogiendo los frutos de todo lo que había estado trabajando, cada vez tenía más seguidores e innumerables marcas contactaban con ella para ofrecerle sus productos a cambio de publicidad.

Pero algo estaba a punto de suceder. Vuelta de vacaciones, “Oh se acabó lo bueno, vuelta a la rutina”.

¿Qué fue lo que ocurrió?

Entró en el portal de su edificio cargada de maletas y bolsas, pulsó el botón del ascensor como pudo y llegó a su planta. Al salir del ascensor vio la puerta de su piso entre abierta y la cerradura forzada. Entró y comprobó lo sucedido. Alguien había entrado a su casa en su ausencia y le habían robado.

Gina llamó a la policía y se abrió una investigación pero nunca se recuperó lo sustraído, ya que no se trataba de una banda organizada y no había huellas en el piso. “El ladrón sabía a lo que iba”, le dijo claramente la policía.

Pudo ser un robo casual, eso no podemos afirmarlo con certeza, pero Gina carecía de enemigos, no tenía objetos de mucho valor en su casa y vive en un barrio residencial tranquilo en el que nunca pasa nada. La policía le preguntó si su vida había cambiado recientemente y ella confirmó su implicación en las redes sociales.

Posiblemente este haya sido el motivo por el que los ladrones supiesen que la casa estaba vacía, pero…

¿Cómo?

Semanas antes, Gina había publicado una foto de los billetes de su viaje en los que se veían las fechas de ida y vuelta. Además, las sucesivas fotos en el espejo de su portal ayudaron a los ladrones a identificar su domicilio. Por último, los stories de sus pies saliendo de su casa camino al gimnasio, donde se veía el “monísimo” felpudo que tenía, facilitaron que los ladrones localizaran exactamente su piso y puerta.

¿Cómo podemos prevenir este tipo de riesgos?

En esta ocasión la protagonista cometió el error de no saber valorar su privacidad. Se obsesionó con obtener un gran número de seguidores y hacer pública su vida como si de un reality show se tratase, pero aprendió una valiosa lección: valorar su privacidad.

En este caso tuvo que ocurrir algo para que ella aprendiese el valor de la privacidad en las redes sociales pero tú puedes aprender con esta historia:

  1. Mantén privados tus perfiles personales en redes sociales. En caso de tratarse de un negocio y necesites darle publicidad, crea un perfil destinado para ello.
  2. Protege tus dispositivos: cifrando la información que contienen, utilizando herramientas de seguridad, realizando copias de seguridad e instalando antivirus.
  3. Vigila a qué redes te conectas. Las redes wifi públicas no siempre son seguras.
  4. Utiliza contraseñas robustas para evitar que accedan a tus perfiles y puedan hacerte daño. También puedes habilitar la doble identificación en tus cuentas.
  5. Vigila la información que compartes tanto en internet, redes sociales, como en aplicaciones de mensajería instantánea.
  6. Y sobre todo, utiliza el sentido común, no vendas tu privacidad por una aplicación.
  7. En caso de sufrir algún tipo de acoso a través de alguna red social, denuncia en la red social. En caso de que la situación se agrave, denuncia la situación ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE).

Es importante valorarnos a nosotros mismos y no dejarnos llevar por las modas. No somos mejores por tener más amigos en una red social, aprende a compartir tu vida con quien realmente quieras compartirla

Y tú, ¿haces un uso seguro de las redes sociales? ¿Compartes información con los que realmente son tus amigos? ¿Has tenido alguna experiencia desagradable? Anímate y cuéntanos tu historia.