Nuestro protagonista, Alfredo, quería dar una sorpresa a sus hijos por sacar buenas notas este curso. El regalo consistía en un fantástico viaje a un parque de atracciones al que sus hijos siempre habían querido ir.

Alfredo hizo la reserva en la agencia de viajes para pasar 4 días en el parque de atracciones y de paso, visitar alguna ciudad cercana, pero varios días después de realizar la reserva, de regreso a su casa, observó que algo no iba bien. Al abrir la puerta de su casa vio lo que estaba sucediendo. ¡Se había roto una de las tuberías principales y se había inundado el piso! Tras llamar a su aseguradora y recibir la visita del perito, le informaron de que su seguro solo cubriría una parte pequeña de la avería.

Nuestro protagonista se había gastado todos sus ahorros en el viaje pero, no quería anularlo para no estropear la sorpresa a sus hijos, de esta forma decidió que la mejor solución sería solicitar un préstamo rápido para hacer frente al imprevisto.

Descartó acudir a un banco porque en el pasado ya había tenido problemas para pagar un préstamo y le habían incluido en la lista de morosos.

Tras realizar una búsqueda en Internet vio que en un conocido portal de anuncios había personas que ofrecían créditos a un interés muy bajo. Además, indicaban que no había que realizar ningún pago, ni hacer ninguna gestión por adelantado.

Tras contactar vía e-mail con el prestamista, éste le pidió su número de teléfono para seguir la conversación por WhatsApp. El prestamista le comenta que se llama Juan Pérez y que es un emigrante español en Francia, país al que se fue junto con su familia siendo niño en los años 60. También le cuenta que, tras trabajar duro y prosperar en dicho país, consiguió tener una pequeña fortuna, pero al ver lo mal que lo pasaban sus compatriotas por la crisis económica, decidió ayudar a aquellos en apuros ofreciéndoles préstamos a tipos de interés bajos para que pudieran superar malas situaciones económicas.

El prestamista le pidió que le enviara sus datos personales: nombre y apellidos, fecha de nacimiento, lugar de residencia y una fotocopia del DNI. Le dijo que en tres días hábiles obtendría una respuesta, pero esa misma noche, el prestamista le comunicó que cumplía los requisitos y que al día siguiente le enviaria la documentación para que la firmara.

Por la mañana recibió un contrato con las condiciones, en el que se le concedían 5000€ a un tipo de interés del 2’1%, y decidió firmar. El prestamista le indicó que además, debía pagar un seguro para hacer frente a un posible impago del préstamo por un importe de 300€. Alfredo, tras leerlo, le contestó que en el anuncio no se exigía ningún tipo pago por adelantado, pero Juan le contestó que era un pago simbólico como acto de buena voluntad por parte del prestatario.

Alfredo accedió y Juan le envió las indicaciones para realizarlo. En ellas, le indicó que debía acudir a una oficina de una conocida empresa de transferencias de dinero rápido y realizar el pago a una cuenta localizada en Benín, un país situado en África Occidental a nombre de Marianne Dupont. Una vez lo hubiera hecho, debería enviar una foto del justificante a Juan. Un poco extraño que la transferencia tuviera que hacerse a otra persona y en otro país, ¿verdad? Aun así, Alfredo realizó el pago y le envió a Juan una foto por WhatsApp del justificante de transferencia a Juan.

Juan le respondió que todo estaba en orden, pero le pidió hacer un nuevo pago de 200€ esta vez a nombre de otra persona, François Untiel, para recibir el código de la cuenta en la cual estaba el dinero del préstamo que le habían prometido. Alfredo le advirtió de que no iba a realizar ningún pago más, solo quería el dinero para poder hacer frente a la avería en su casa. Durante la madrugada, Alfredo recibió varias llamadas amenazantes desde números de teléfono con prefijo +229 en las cuales le decían que, de no realizarse el pago, le denunciarían. Alfredo accedió a realizar el último pago. Después de pagar, Juan intentó volver a chantajear a Alfredo exigiéndole otro pago más.

Por muy agobiados que estemos hay que contrastar la información y acudir a profesionales

Alfredo se negó a realizar más pagos y decidió comprobar en Internet cómo funcionan en realidad los préstamos entre particulares y páginas especializadas. Entonces se dio cuenta de que había cometido el error de pagar dinero por adelantado por los trámites del préstamo. Además, descubrió las estafas que ya se habían producido por parte de supuestos prestamistas extranjeros.

Asimismo, al realizar una búsqueda con el nombre del prestamista, encontró los relatos de otras víctimas y cómo éstas cayeron en la estafa, así como los métodos utilizados.

Alfredo se dio cuenta demasiado tarde, si hubiera contrastado primero la información con una simple búsqueda en Internet, hubiera evitado caer en la estafa.

Cómo debió haber actuado nuestro protagonista

Lo primero que debería haber hecho nuestro protagonista es haber solicitado el préstamo a una entidad oficial o empresa de confianza registrada en el Banco de España. Y comprobar que éste es un prestamista profesional consultando que esté registrado en el Registro de Intermediarios Financieros de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (AECOSAN).

Asimismo, debería haber sido consciente de que al formalizar un crédito o préstamo con una entidad financiera, éste queda registrado en el fichero público perteneciente al Banco de España. Si es con un prestamista profesional, este contrato debe quedar registrado, bien mediante escritura pública ante un notario o bien en el registro de entrada de la administración de la comunidad autónoma. Además, en caso de discrepancias, Alfredo hubiera quedado amparado legalmente bajo la normativa española y comunitaria.

Al dirigirse a un prestamista extranjero, debería de haber comprobado cómo funciona la normativa interbancaria europea y se hubiera dado cuenta de que es difícil que un prestamista de otro país preste dinero a otra persona sin pedir nada a cambio y con un interés tan bajo que hace que el préstamo no sea rentable.

Por último, debería de haber realizado una búsqueda en Internet para comprobar qué datos como el nombre y apellidos, la dirección de correo electrónico o el número de teléfono, que le proporcionó el supuesto prestamista, no habían sido utilizados en otras estafas. Además, los anuncios y mensajes que intercambiaron contenían errores gramaticales y ortográficos que podrían haberle hecho sospechar.

Una vez que tuvo el contrato en sus manos, Alfredo se habría dado cuenta de la estafa si llega a comprobar varias características del documento:

  1. El estilo del documento no es el de un documento oficial. Además, no hay sellos oficiales o están borrosos y las rúbricas incluidas son falsas. También debió haberse fijado en que está mal redactado y contiene faltas de ortografía.
  2. Con una simple búsqueda en Internet debería haber corroborado que no existe o hay discordancias con la normativa y los nombres de personas que aparecen en el documento.
  3. Si el prestamista dice ser español residente en Francia, pero te proporciona datos de otra persona ajena a la que debes realizar el pago.

Por último, en caso de solicitar un crédito personal nunca se realiza un pago por adelantado, ya que las comisiones y gastos de gestión en este tipo de productos se abonan en las cuotas. Hay que recordar que tampoco se realizan pagos de cuotas a través de empresas de transferencias de dinero rápido.

Consejos

  1. Revisa que el prestamista profesional o la empresa están debidamente registrados ante los organismos competentes (por ejemplo, Banco de España o AECOSAN). En caso de que sea extranjero, éste debe proporcionar datos (verificables) de registro en su país de origen, así como en España (Código de Identificación Fiscal, registro como sucursal en España o como agente declarado por entidades foráneas, así como información del Registro Mercantil).
  2. Busca información en Internet de la empresa o el prestamista, así como los comentarios de otros usuarios, que hayan utilizado sus servicios, o cualquier otra información útil que te ayude (e-mail de contacto, número de teléfono, etc.).
  3. Si tiene una página web, comprueba la información y el contenido que hay en ella, por ejemplo, el e-mail o número de teléfono, datos de la empresa o del prestamista, dirección de contacto, los sellos de calidad o certificaciones, la información legal, etc.
  4. Antes de firmar el contrato, léelo tranquilamente, comprueba que no aparecen reflejados gastos adicionales de los que hayáis acordado. Además, verifica todos los puntos del mismo y en caso de que no entiendas alguno, consulta con un asesor o especialista en la materia, o acude a los organismos de consumo competentes. En caso de que no puedas acudir a uno, busca en Internet información sobre el término o texto legal del que dudes en páginas especializadas.
  5. Desconfía de las ofertas que te lleguen al correo electrónico y que sean una ganga (bajos intereses, sin requisitos para la concesión del crédito, etc.). Para ello, contrasta la información que te proporcionen con la que hay disponible en Internet de otras empresas.
  6. Ten en cuenta que la publicidad de empresas de préstamos como prestamistas profesionales puede verse en páginas web o plataformas de anuncios o de redes sociales junto a la publicidad de los estafadores, por ello debes contrastar la información que aparece en dichos anuncios para poder distinguir la publicidad de la empresa real de la falsa.
  7. Haz preguntas al prestamista en relación al funcionamiento del préstamo (qué se incluye en la cuota, qué sucede si no puedes pagar una cuota, ante quién acudir en caso de discrepancias entre las partes, normativa aplicada, etc.), para que puedas comprobar si la información que te proporciona es veraz. Si es demasiado ambiguo en su respuesta, no es acorde a la legalidad vigente o no responde a las preguntas, descártalo.
  8. Si la forma de contacto con el posible prestamista es vía e-mail comprueba que no utilice una dirección gratuita de correo electrónico (@gmail.com, @hotmail.com, etc.). Lo habitual es que una entidad de préstamos rápidos legal tenga su propia dirección de correo, como por ejemplo, empleado@empresaprestamo.es.
  9. Si identificas un anuncio de un falso prestamista en una plataforma de anuncios, foros o red social, denuncia dicho anuncio para que lo retiren lo antes posible.
  10. Si el falso prestamista te acosa telefónicamente, puedes bloquearlo. Si tu número de teléfono es un fijo, consulta con tu compañía de telecomunicaciones. Si es una línea móvil, puedes bloquear el número de teléfono del falso prestamista en el menú de tu móvil ya sea Android o iPhone.
  11. También es recomendable que denuncies ante la empresa de transferencias de dinero la cuenta en la que debías realizar el pago, para que así dicha empresa cancele la cuenta si todavía es posible.
  12. En caso de ser víctima de estafa o fraude, acude ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado (FCSE) presentando como pruebas los justificantes de pago, los teléfonos de contacto, las direcciones de correo electrónico o cualquier otro dato que pueda ayudar. También debes acudir a las FCSE en caso de haber facilitado tus datos personales como por ejemplo, tu nombre y apellidos, domicilio, o cualquier otro dato de carácter personal.

Y a ti, ¿te ha pasado algo parecido alguna vez? Si es así, cuéntanoslo en un comentario.